domingo, 1 de abril de 2018

Casa del ciclista en La Paz





Casa del ciclista.

 https://casadeciclistas.wordpress.com/

 Como ya expliqué en una entrada anterior, la casa de ciclistas de La Paz es una especie de albergue para cicloturistas casi gratuita, donde se quedan los ciclistas de todo el mundo. El dueño es Cristian Conitzer de origen alemán.
 Para alojarte en esta casa de cicloturistas hay que enviar un correo a su mail:
cdc at conitzer dot de
 Este es el que viene en la dirección Web de la casa de ciclistas. dot es punto en alemán y at se convierte en @ y de es Deutschland (Alemania) nos queda:

 CdC@conitzer.de

 Desean fervientemente que su dirección física no aparezca y que todo el que quiera ir a esa casa de ciclistas en La Paz tenga antes que enviar un correo. Incluso el correo que dan, como hemos visto, hay que descifrarlo primero para conseguir el auténtico.

 Como ya dije la primera vez que llegué a La Paz, la casa de ciclistas está muy cerca de la Plaza del Estudiante. En realidad era lo único que sabía la primera vez que vine, porque no me llegó más información y después de mucho preguntar logré dar con el lugar.

 Yo tampoco daré la dirección exacta pero si la forma de averiguarlo. Es la manera en que ellos lo quieren y hay que respetarlo. Seguramente para que no sea fácil de rastrear en los buscadores de Internet y por seguridad.

La casa está a menos de 200 metros de la plaza del Estudiante en una calle cuyo nombre empieza por g y termina con a. El número es fácil de ver en esta entrada.



























































El proceso para albergarse en la casa es el siguiente:

 Preguntar la dirección física por mail.
Aunque sepamos más o menos donde es, hay que avisar y esperar que nos escriban. Seguramente serás bien recibido igualmente si no has escrito. Ya que sólo de un vistazo se ve si eres un cicloturista verdadero o no:

Cara quemada por el sol y labios resecos, en el chasis o en los huesos de tanto pedalear, sudado y seguramente con sal en la cara, cara de cansancio eterno y una bici con alforjas con todo el polvo y la mierda del mundo.
¡Es imposible no reconocer a un cicloturista!

Escribimos entonces a: Cristian o Ariel Conitzer
Preguntar dirección en La Paz por e-mail, CdC@conitzer.de

La casa está en el centro de La Paz. Teléfono móvil para urgencias: 00591 730-96728 https://casadeciclistas.wordpress.com/

Casa, ducha, cocina, taller y ayuda en la planificación de viajes

 Una vez enviado el mail a esa dirección, Cristian te envía a tu correo la dirección física de la casa de ciclistas en La Paz.


Historia de la casa del ciclista

La casa del ciclista fue la antigua vivienda de la célebre poetisa boliviana Yolanda Bedregal. Ahora es una de las casas de ciclistas más conocidas de Latinoamérica, gracias a la gestión filantrópica de su nieto Cristian Conitzer, quien desde 2009 acoge a amantes de la bici llegados de todo el mundo.

 La casa está situada el céntrico barrio paceño de Sopocachi. La vivienda perteneció también al artista y pintor boliviano Juan Conitzer, hijo de Bedregal, cuya obra se puede ver repartida por las habitaciones de la casa.

Si uno tiene tiempo es maravilloso ver esas partes de la casa de habitaciones antiguas con cuadros de Juan Conitzer.

"En 2009, la casa fue rehabilitada con la ayuda de algunos ciclistas y desde entonces es la casa de ciclistas. Por sus habitaciones han pasado ya más de 2.000 viajeros, suelen utilizar la casa para descansar, arreglar sus bicicletas o reprogramar su ruta.

La filosofía del "cicloviajero" redunda en el cuidado y el respeto por la naturaleza, algo en lo que coinciden huésped y dueño.
"Considero que están en la misma onda, la misma política de vida, de cuidar las cosas, de reciclar, de arreglar las cosas y de conocer el mundo", subraya Conitzer.

Tiene razón Cristian, cualquier cicloturista lo sabe. La bicicleta es respetuosa con la naturaleza, no hace ruido ni contamina, llegas a cualquier lugar y paras donde quieres con tu tienda, ves las cosas a otro ritmo y no se te escapa nada. Si ves algo que merezca la pena te da tiempo a parar, hablar a contemplar. Es el caballo moderno, con su equivalente en velocidad.

El hospedaje en esta casa es casi gratuito para un occidental, aunque normalmente se puede saldar la deuda con algún trabajo de mantenimiento o de limpieza.
Al principio los cicloturistas aportaban lo que quisieran pero Conitzer estableció una contribución equivalente a 3 dólares por día o realizar trabajos sustitutivos del pago.

Según Cristian Conitzer sólo ha habido dos incidentes en estos nueve años, gracias a las normas de seguridad que se establecen en estos espacios.
Por seguridad Conitzer no da la dirección exacta, primero tienen que escribirle por mail. Su labor es una cuestión "social", como él mismo dice, ya que no recibe ningún beneficio económico por este servicio, sino que disfruta "conociendo a ciclistas de todo el mundo" y escuchando sus historias.





















































La casa ciclista es una mezcla entre bicicletas, ruedas, material de embalaje y cuadros y bocetos en mesas enormes de Juan Conitzer.
La vivienda es un espacio de encuentro de aquellos que decidieron recorrer el mundo en bicicleta. “Experiencias y aventuras de ciclistas se comparten en la mítica casa donde Yolanda Bedregal escribió sus versos y obras”

 Cristian Conitzer fue hijo del artista Juan Conitzer -físico de profesión, competidor y apasionado del ciclismo- estableció el concepto de la casa ciclista a inicios de 2008, con el apoyo del lado paterno de su familia.

 Dentro de la casa pueden verse anuncios que informan de los lugares donde comer, lavar la ropa, atractivos turísticos, etc.

 Nada más entrar hay un salón con sofás y butacones donde los cicloturistas suelen hablar y comparten experiencias. Al lado se encuentra una cocina con un pequeña terraza, donde cada uno prepara sus propios alimentos. Subiendo unas escaleras hay algunas habitaciones, una de ellas más grande. En estas habitaciones hay colchones donde los viajeros descansan.
Lo normal es que cada uno saque su saco y allí descanse.
 El lugar tiene una capacidad máxima de ocho personas y uno puede quedarse días o varias semanas en casos especiales, sobre todo cuando las reparaciones de sus bicicletas vayan para largo.

 La mayoría de los cicloviajeros se entera de la Casa de Ciclistas en el camino por el boca a boca al cruzarse con otros cicloturistas.

Muchos ciclistas llegan con sus bicicletas estropeadas a medias o enteramente. Cristian Conitzer es quien las arregla gracias a su pasión por las bicicletas, ya que tiene un taller ubicado en la misma casa. Lo que no saben los cicloturistas es el valor cultural de la casa tanto en su pasado como por los cuadros que se ven en toda la casa.

Cristian Conitzer también es secretario general de la Asociación Departamental de Ciclistas de La Paz y Comisario Internacional de Ciclismo y promueve actividades y competencias de este deporte. 





En puerta de entrada de la calle  había algún dibujo de cicloturismo, y un candado de bicicleta en la reja exterior. Lo que te da la confirmación exacta de haber llegado a tu destino.

Era la segunda vez que llamaba a ese timbre después de mi primer paso por La Paz.

Ese día no estaba Cristian pero me abrieron una pareja de franceses. Me dijeron como funcionaba aquello. Por lo visto era costumbre que los propios ciclistas fueran anfitriones de los siguientes visitantes en llegar.

El edificio es de estilo antiguo con techos altos. El lugar era una extraña mezcla entre zona artística y lugar de cicloturistas. Más tarde lo vería con tranquilidad.

 Estuve hablando un rato con la parejita francesa. Ella era entusiasta de España y en esos días estaban haciendo un alto en La Paz dentro de su periplo Sudamericano.
Me imagino que este era un buen sitio para reabastecerse de cosas esenciales, incluido dinero, recibir algún pedido importante por correo etc.

Más tarde llegó un belga de cuarentaintatos años con un estadounidense de 20. Viajaban juntos y llevaban bastante tiempo en la casa. En Bélgica con trabajar 15 años te puedes jubilar y este belga estaba jubilado. El dinero que te quedaba no era muchísimo pero sí lo suficientemente importante en estos países.
Por lo visto llevaba años viajando así y no tenía intención de cambiar su modo de vida. Cuando me encontraba este tipo de cicloturistas me daba cierta envidia. Aunque no es lo mismo una aventura temporal ya sea larga o corta que una aventura sin final. Al final no es una aventura, es tu modo de vida. ¿O no ?

Coloqué mis cosas con alforjas incluidas en la habitación principal y la bici en otra.
En los dos días que me quedaban en La Paz apenas pisé la casa del ciclista. Estuve recorriendo infinitos rincones de la capital Boliviana. No me moleste en comprar comida para tenerla en la casa, ya que esos días desayunaría, comería y cenaría fuera siempre.

 Me di una ducha rápida, me puse ropa decente y aunque era de noche salí a cenar y descubrir La Paz.



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