domingo, 14 de enero de 2018

Potosí





Después de dormir como una marmota, despertè temprano y con ánimo. Justo al lado de mi hostal se levantaban puestos callejeros y allí compre algunos plátanos que fueron mi desayuno.

Con muchas ganas me dirigí a la parte céntrica de la ciudad de Potosí. Según marchaba se podía ver enorme y gigantesco Cerro Rico, la montaña de la que se llevaban siglos sacando plata y que dio origen a la frase de "vales más que un Potosí", que hizo famosa Miguel de Cervantes en El Quijote


"Si yo te hubiera de pagar, Sancho -respondió don Quijote-, conforme lo que merece la grandeza y calidad deste remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote".

Miguel de Cervantes Saavedra,"Don Quijote de la Mancha"










































Pronto despertaban las gentes, eran la 7:30 de la mañana y había poco movimiento en las calles, pero me senté en un banco al sol y mientras daba cuenta de mis pequeños pero riquísimos plátanos, contemplaba las fachadas coloridas de unas calles cercanas. ¡Que hermosura de arquitectura colonial !

En ese momento contemplaba  una fachada que pertenecía a una unidad médica, eso decía en sus letras blancas sobre paredes moradas con unas balconadas en madera y sobresaliendo de la fachada.



Sabía ya lo que iba a ver en Potosí, grandes palacetes muchas iglesias mezcla de estilo Barroco, Renacentista y Mestizo, casas coloniales coloridas y de arquitectura sublime. Todo fruto de la enorme riqueza y poder que tuvo esta ciudad.

Y allí, en esta ciudad de 4067 metros de altura, se encontraba el Cerro Rico, un monte que se eleva sobre la ciudad y tiene forma del volcán. Este monte esta  horadado por miles de túneles en una explotación sin fin, se dice que hat  más de 5000 galerias.

 Dice la leyenda que en 1545 el pastor quechua Diego Huallpa hizo un fuego la las faldas de cerro para proteger del frío a sus llamas y así mismo.. Al despertar vio el brillo de la plata derretida por el propio fuego. Pronto contó lo ocurrido y llego a los oídos del Capitán  Juan de Villaroel, este  tomó posesión del cerro el 1 de abril de 1545 junto a sus hombres.














































Cuando terminé mi desayuno platanero me dirigí por la calle que da a la Catedral o Convento de San Francisco. Según caminaba el cerro se veía imponente y soleado mientras la calle estaba todavía en penumbra. La bella imagen estaba acompañada por el pefíl de la torre de la Catedral de San Francisco al final de la calle.

La casas ofrecían colores azules, anaranjados y verdes y el contraste era precioso.



Pensaba, mientras avanzaba por la calle, en lo que había leído días atrás de Potosí:

En tiempos prehispánicos, esta región estaba habitada por los aborígenes Charcas y Chullpas, así como por grupos mas pequeños de Quechuas y Aymaras. Estos pueblos sufrieron la colonización Inca y  trabajaron como esclavos para estos últimos para extraer metales de cerros de esta zona.



“Ptojsí” o “Ptoj” significa reventar o brotar; los españoles, lo terminaron pronunciando como Potosí.

Juan de Villarroel, era uno de los que explotaban las minas de Porco. Pero se  mudo a Potosí para sacar provecho de la plata. Entonces Potosí era una ciénaga insalubre muy expuesta a los vientos. Juan Villarroel se juntó con otros; Diego de Centeno, Juan de Cotamito, que llegaron a Potosí en abril de 1545 y la reclamaron  como suya en nombre del emperador Carlos I de España y V de Alemania.



Las riquezas del cerro fueron escandanlosamente grandiosas e  inagotables; la primera mina la llamaron La Descubridora. En1553, Carlos V le concedió a la ciudad un escudo de armas con un lema que alababa su riqueza y el titulo de Villa Imperial.

Estos primeros exploradores se asentaron en las casas de los nativos y en chozas improvisadas de la ciénaga que era Potosí.

El Virrey del Perú, Francisco de Toledo en 1572, decidió organizar Potosí y declaró oficialmente la fundación de la Villa Imperial de Potosí.

Emprendió obras para drenar la ciénaga y hacerla habitable, e instituyó el sistema de la “mita”, copiado de los Incas, para explotar las minas con los infortunados indígenas.

También el Virrey de Toledo quién mando construir en 1575, las lagunas artificiales que proveían de agua a la ciudad tanto para su consumo o para la minería. Se consiguió la canalizaron los deshielos de las cumbres de la serranía de Qari-Qari, cerca de la ciudad, y el agua de deshielo y lluvia se derivaba a las lagunas artificiales. En principio 5 y luego mas de 30, llamadas las Lagunas de Qari-Qari.












La ciudad era grandísima ya en esa época poblada por aventureros, soldados, fugitivos, hidalgos, frailes, artistas, letrados, La minería daba mucho pero también cualquier servicio que creciera en su entorno.

La bonanza hizo que se levantaran iglesias como La Anunciación y Santa Bárbara, luego siguieron muchas más. La mayoría con el precioso y ornamentado estilo de  Barroco Mestizo.

También se construyeron conventos, grandes casas palacetes para los adinerados y nobles.

Unas de las construcciones mas destacadas fue la Casa de la Moneda, Francisco de Toledo la ordenó construir en 1572, para acuñar moneda allí donde estaban los metales preciosos, en vez de mandarlo en lingotes a España. Luego se quedó pequeña y se construyó otra casa de la moneda en 1773.



Se dice que en el Corpus Christi en 1658 se quitó parte del empedrado de las calles del centro hasta la Iglesia de los Recoletos, y fue sustituido por  barras de plata. Aquí nació la leyenda de la ciudad americana donde todas sus calles eran empedradas en plata.



Después de callejear cerca del convento de San Francisco, derivé por otras calles igualmente coloridas. Salí a la Plaza del Estudiante y allí me topé de frente con la Iglesia de San Bernardo.

Es del año 1590, aunque la iglesia fue renovada totalmente alrededor de 1720. Luego fue utilizada en el siglo XIX como cementerio parroquial. Hoy en día se utiliza el convento como taller de restauración de arte para estudiantes.

Tiene un encanto especial por su claridad y particularidad de sus paredes; edificada en piedra sin labrar, toda la obra es de cal y canto.



Muy cerca de allí encontré la fachada de una casa en azul cielo y que alojaba una farmacia. Justo en la entrada había un tronco labrado cuya talla era una mujer rezando de rodillas.












































Pasé más adelante por la puerta del Mercado Central, en ese momento cerrado.

Aparecí en la plaza 10 de Noviembre donde pude apreciar la belleza de la Catedral Basílica de Nuestra Señora de  La Paz.

Basílica menor con estilo Barroco virreinal e influencia neoclásica en principio. Su fachada también es de piedra clara. Fue construida entre los años 1808 a 1838 en el sitio donde la antigua iglesia se derrumbó en el año 1807. Su principal impulsor fue el Fray Manuel Sanahuya..

El siglo XIX pasa a ser del estilo Neoclásico, con su representativa y nueva Iglesia Mayor, hoy Basílica Catedral correspondiente a los años 1808-1836, y cuyo autor fue el español, Fraile Franciscano y arquitecto de profesión Manuel de Sanahuja, introductor en Potosí del estilo Neoclásico,



Entre templos y templos vi despertar la ciudad y como había más transito por la calle. Algunas mujeres habían puesto sus puestos en la acera con frutas y hierbas y otras viandas. Una carnicería habría sus puertas con la mercancía al aire libre encima de un mostrador de madera.



Pregunté a un viandante por la visita a las minas. Para mi desgracia, al ser domingo  estas estaban cerradas y no pude conocerlas de cerca.

Sabía que había muerto muchísima gente trabajando en las minas desde el principio de la explotación. Primero con los españoles al mando. Pero incluso hoy en día siguen muriendo en menor medida e incluso hay niños trabajando en ellas, en una explotación humana sin fin.





















































Seguí mi camino y me detuve a contemplar la fachada en azul cobalto del hostal Compañía de Jesús con columnas blancas y ventanas barrocas también en blanco. Aquí cualquier edificio podía ser maravilloso. La verdad es que Potosí tiene una arquitectura colonial preciosa. Me recordaba en algunos aspectos a la bella Trinidad de Cuba.



Mas adelante en la esquina de las calles Bustillos y Héroes del Chaco, me encontré con la contundente y bonita fachada de piedra de la Iglesia de San Lorenzo de estilo Barroco Mestizo.



La gente se iba animando y algunos hacían la compra. Una mujer con su pequeña a la espalda iba de tienda en tienda. Como siempre las indígenas utilizan para  un aguayo para llevar a sus pequeños a la espalda.

Un aguayo es una tela rectangular usada como mochila, abrigo, adorno o para cargar niños, y literalmente significa pañal. Lo usan sobretodo las mujeres de ascendencia indígena. Es una tela muy colorida con franjas de colores que se alternan y con franjas con figuras simples.

Para que una tela sea considerada un aguayo es fundamental la contraposición de matices entre una y otra raya, y la alternancia de distintos grosores.

Se pueden hacer a base de lana de llama, oveja o de alpaca y se  tiñe con tintes naturales.

En  quechua se le llama awayo o lijilla.

No pude resistirme y tiré algunas fotos. Más adelante en Sucre y su famoso mercado de campesinos tuve oportunidad de contemplar muchas madres llevando a sus niños de esta manera.









Después de ver, observar y tirar algunas fotos a la población de esta bella ciudad, seguí mi camino sin rumbo.

Un poco más tarde me encontré con un templo notable, la iglesia de Santa Teresa de estilo Barroco Mestizo y con una fachada principal de color rojizo en contraste con su memorable y preciosa puerta verde de madera.

 Es una inmensa construcción de estilo Barroco que data de 1684 consta de una hermosa iglesia, convento, varios patios y salas. Hoy en día es un museo donde se muestra la historia de la Orden de Las Carmelitas Descalzas a las que perteneció.

Después de ver tanto templo y edificio singular en la preciosa Potosí, me compré un par de hamburguesas de cerdo con verdura en un puesto callejero. Estaban exquisitas y la vendedora era una niña de unos 11 o 12 años.

En Bolivia y Perú era bastante normal ver niños trabajando en cualquier menester.

Con esto di por terminada mi visita a Potosí. Con apenas días en Bolivia para terminar mi viaje, tenía mucho interés en llegar a Sucre. Así que volví al hostal donde me aloje y tomé mi bicicleta para ponerme en marcha. Eran las 13 horas y un buen momento para partir.

156 Km me separaban de mi destino,  pasaría de la altitud de Potosí 4067 m a los 2810 de Sucre.

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